La Voz De Mi Abuela

By Rio Hunter-Black: English Translation Below

        Mi nombre es Rio Willow Hunter Black. Nací en los Estados Unidos de una madre norteamericana y un padre argentino. Crecí dividida entre dos culturas. A través de mi padre, me he sentido relacionada con mi cultura argentina. Nosotros cocinamos empanadas y pascualinas para la cena, escuchamos Mercedes Sosa y Enrique Coria, y visitamos a nuestra familia en Buenos Aires. Esta conexión ha sido muy importante para mí, porque me dio acceso a una comunidad a la que puedo pertenecer. Al mismo tiempo, a través de mi madre me he sentido relacionada fuertemente con la cultura del país en el que me crié. Mi madre me ha criado con música, comida, y vacaciones de Nueva Inglaterra. También, ella me ha enseñado cómo abogar por los derechos de LGBT+ y mujeres, me leyó libros sobre el pacifismo, y compartió un amor por la literatura inglesa.

        El idioma siempre ha sido la mayor división entre mis culturas. Mi primera lengua fue el español. Hablaba con mi papá, que trataba de enseñarme español en mi niñez. Pero, cuando empecé la escuela con maestras que hablaban inglés y necesitaba aprender cómo leer y escribir, poco a poco mi papá reemplazó hablar español con inglés. Perdí mi español sin notarlo. Antes de que se fuera por completo, viajamos a Buenos Aires por segunda vez desde que nací. No recuerdo mucho sobre este viaje. Solo tenía cinco años, y sobre todo recuerdo haber seguido a mi abuela por todas partes. Mis abuelos celebraban sus bodas de oro, y toda mi familia de Argentina se preparaba para la celebración, una fiesta grande en un hotel.

        La comida es muy importante en la cultura de Argentina, y recuerdo muchos almuerzos y cenas compartidas en familia en los días previos a la celebración. Mi favorita de estas comidas era la hora del té. La seguía en la panadería en la calle, donde yo elegiría facturas, pastelitos como medialunas y bombas de crema, por la hora del té. La seguía en la panadería en la calle, donde yo elegiría facturas, pastelitos como medialunas y bombas de crema, por la hora del té. Mi abuela me enseñó como hacer flan y mate por la comida también. Aunque tenía solo cinco años, tenía mi propia bombilla de mate. También, la seguía mientras enseñaba a sus estudiantes de inglés en su casa. Pero, lo que más me acuerdo es haber seguido a mi abuela cuando contestaba el teléfono.

        Todavía era proficiente en español, y hablaba sobre todo en español con mi familia durante el viaje. Recuerdo haber escuchado a mi abuela cuando hablaba por teléfono. Su voz era casual y amable. El lenguaje en su boca suena como una canción, con un flujo y reflujo a sus palabras que hacen que su discurso sea más suave. Ella hablaba con su acento argentino único. Creo que esperaba interiorizar su estilo de hablar.

        A veces contestaba el teléfono cuando mi abuela estaba ocupada. Trataba de imitar su voz y hablar casualmente con el extraño en el otro extremo. Por un momento cuando cogía el teléfono, me sentí confiada y orgullosa con mi primer idioma. Me presenté con las palabras de mi abuela. Podría empezar con confianza, “hola, ¿cómo estás?” y continuar con “muy bien! Y vos?”. Pero después de la introducción familiar, perdía el control del conversacion.

   

        Me encontré con el español rápido e ininteligible del extraño en el otro extremo. Me sentí como un impostor, orgulloso con mi disfraz, pero desconocido en mi entorno. Deje de tratar de entender lo que el extraño estaba diciendo, y pasó el teléfono a un verdadero orador español, como mi tía o mis primos. Me encantó el sentimiento de hablar como mi abuela, pero no sabía lo suficiente para encajar y sentirse realmente fluido. A pesar de no estar a su nivel, me sentí feliz de que podría comenzar un conversación como mi abuela, y con su franqueza y amabilidad.

        Después de ese viaje, mis habilidades de español se fueron perdiendo a medida que mi contacto con la cultura Argentina disminuyó. Dejé de hablar con mis padres, no visité Argentina por varios años, y olvidé mucho de mi idioma. Lo único que no olvidé fue el acento de mi abuela. Su voz casual y amable se quedó conmigo en mi voz. Nunca perdí la facilidad que me enseñó a acercarme a otras personas.

        Aprendiendo español en la escuela norteamericana cambió la forma en que hablo. En clase de español en los Estados Unidos, nosotros aprendemos a hablar como españoles.

 

        Me enseñaron a soltar el sonido vibrante y fluido de “ll” y “y” característico de mi dialecto argentino. También, el pronombre informal “vos”, favorecido por argentinos, es reemplazado con el pronombre formal “tu” en nuestro clase. Me enseñaron a hablar formal y correctamente, a tomar mi tiempo y centrarme en las palabras más que el flujo. El flujo es importante, pero estas clases enseñan cómo ser competente, no como jugar con el idioma. He perdido el dialecto de mi abuela, pero nunca perderé su voz.

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My Granny's Voice

Translated Into English

        My name is Rio Willow Hunter Black. I was born in the United States to a North American mother and an Argentine father. I grew up divided between the two cultures of my heritage. Through my father, I felt connected to my Argentine culture. We would cook classic dishes, such as empanadas and pascualinas, listen to artists like Mercedes Sosa and Enrique Coria, and visit with our family in Argentina’s capital, Buenos Aires. My relationship with Hispanic culture has been very important to me because it has given me access to a community in which I can belong. At the same time, my mother connects me to the culture of the country I grew up in. She has shared the music, food, and vacations of New England that she grew up with. She has also passed down a culture of advocacy for queer and women’s rights by reading to me about pacifism and fostering a love of literature in me.

       Language has always been one of the major dividing factors between my cultures. My first language was Spanish, which both my parents tried to teach me during my early childhood. When I started preschool however, I was surrounded by English speaking teachers that expected me to learn to read and write in English. Bit by bit, my father stopped speaking Spanish with me in favor of English. I lost my Spanish without noticing it. Before it was completely gone, my family visited Buenos Aires for the second time since I was born.

        I don’t remember much about the trip. I was only five at the time, and most of what I remember now is from following my granny everywhere she went. My grandparents were celebrating their “golden wedding”, or their fiftieth wedding anniversary. My whole family on their side reunited to prepare for the celebration, a big party in a hotel. Food is a very important aspect of Argentine culture, and I remember sharing many meals with my family in the days leading up to the celebration. My favorite of these meals was tea time. My granny would take me to a bakery on the street and I’d help her pick out facturas, small pastries like medialunas and bombas de crema. She taught me to make flan and dulce de leche for tea time too. I would follow her around in the kitchen as she prepared everyone’s mate. Even as a five year old I had my own mate straw. I would also follow her to the English classes she taught through the front room of her house. The one thing I remember most about my days following my granny was listening to her speak Spanish, especially on the phone.

 

        I was only proficient in Spanish, though I spoke mostly in the language with my family during our trip. I remember listening to my granny when she would speak on the phone, her voice casual and kind. The language in her mouth sounded like a song, one that ebbed and flowed with her words. She spoke with a unique Argentine dialect and accent. I think I hoped to internalize her speaking style. Sometimes, when she was busy, I would answer the phone for my granny. I would try to mimic her voice and speak casually with the stranger on the other end.

        For a moment when I picked up the phone, I would feel confident and proud of my first language. I would begin with the words I had heard from my granny, starting with “hola, ¿cómo estáis?” and responding with “muy bien! Y vos?”. After this familiar introduction I would lose my grip on the conversation. I’d feel overwhelmed by the fast and unintelligible speech of the stranger on the call. I felt like an imposter, proud of my disguise but surrounded by unfamiliarity. I would try to understand what the stranger needed to say before passing on the call to a true Spanish speaker, like my aunts or cousins. I loved to feel like I could speak just as well as my granny, but I didn’t know enough to fit in or feel fluent. I wasn’t on her level, but I felt happy and proud to know that I could be open and kind to someone new as my granny had exemplified.

 

        My Spanish skills were lost as my exposure to Argentine culture diminished after the trip. I stopped speaking with parents, didn’t visit Argentina for seven years, and forgot much of my first language. The one thing that I never forgot was my granny’s accent. Thinking of her voice has always helped me feel close to her across continents, and has helped me stay connected to my hispanic culture. Her voice has stayed with me in the casualness and ease with which I speak our language. Learning spanish in North American schools changed how I speak. In Spanish class in the States we are taught to speak like Spaniards. I was taught to drop the vibrant and fluid sound of “ll” and “y”, characteristic of my Argentine dialect. I was also taught to adopt the more formal pronoun “tu” over the informal, and Argentine favorite, “vos”.

        When I relearned Spanish in school, I was taught to speak formally and correctly. I was taught to take my time and focus on my words rather than my tone. While tone and flow are important, these classes teach us to be competent in Spanish, not to play with it. In my journey towards fluency I have lost the dialect of my granny, but I will never lose her voice.